Pierre o las ambigüedades, de Herman Melville

Dios mío, a ver si tramito de una puta vez este post.

Pues Pierre o las ambigüedades es el último novelón de Melville, donde toca fondo su ruina y su desconcierto. Publicada en 1852, parece que se la envió a sus editores dos veces: la segunda con un 13% más de extensión. Esto cuenta -y muchas más cosas y en 40 páginas que valen bastante más que las 600 de la biografía que reseñamos el otro día- un prólogo de noséquién en la edición de Alfaguara. También cuenta que los añadidos de Melville, esos pegostrones y plastas de autor inseguro y sobre-seguro, gustaron menos aún que el libro original, recibieron todo tipo de ataques y chufas por parte -o chuflas- de los críticos y, finalmente, desaparecieron matarileados por los editores del futuro: en este Pierre que he leído yo no está todo el Pierre que compuse Melville: así de fuerte es el fracaso.

El libro es aburrido e interesante, en las costuras. La cosa está escrita desde la hipertrofia más desbocada, pues para decir Eh hacen falta dos páginas y para decir Vamos hacen falta cuarenta. Los sentimientos de los personajes se nos detallan por extenso hasta que uno se olvida de su propia sensibilidad: no sientes la manos ni los ojos, de tanto sentimiento ajeno telegrafiado.

Pero la trama tiene algo: el morbo. Desde la relación de Pierre con su madre, a la que llama “hermana” y que no se presenta nunca delante de su hijo -madres del mundo: aprended- sin maquillarse, pues quiere que su hijo la divise siempre luminosa, hasta la relación con su “prima”, que va a ser su esposa, y hasta finalmente la relación con su (spoiler) “hermana”, que parece una hermana de verdad aunque no es fácil distinguir a una hermana de verdad cuando se te echa encima con todo y los pezones.

No creo que nadie vaya a leer nunca esta novela, o al menos ningún lector de este blog de no lectores, así que cuento la sinopsis para recuperármela un día, si es preciso: Pierre es un señorito bien con su madre tíabuena y su padre muerto, pero con dos retratos. El padre es de estirpe noblota y abuelos y bisabuelos lucharon en guerras americanas del lado patriota, con honores y medallas. Pasea mucho por los prados, Pierre. Cuando cumple 17 o 18, hay que casarse, y escoge a una muchacha muy guapísima y que, siendo guapísima, pues no hay más que decir: el amor puro del XIX. Sin embargo, entre que se va enamorando del amor y casando con el matrimonio, le llega una carta misteriosa que abre y lee y le dice la carta misteriosa: tienes una hermana, soy yo. Así que Pierre se conmueve de no ser rama sola en cielo genealógico, y va a ver su hermana, que resulta estar también muy buena -aunque es hija del padre héroe y no de la madre tíabuena- y ser muy arrimadiza. Entonces se quieren con locura, pero sin carnalidad. Pierre, hay que decirlo, es carne de incesto y freudiano avanzado a la letra. El caso es que Pierre ama tanto a su hermana que para sacarla de su pobreza -pues pobre es- decide una puta locura: casarse con ella en falso, de modo que ella salga de la pobreza y a su madre no le dé el patatús al enterarse de que su padre inseminaba fuera de sagrado. El convoluto, sin embargo, enoja a la madre, que echa de casa al hijo por casarse con una cualquiera y no con la que tiene que casarse; así, Pierre y su falsa esposa y real hermana (falsa) se van a una posada, donde mastican intimidad y casi se dejan llevar por los calderos del querer. Pero no. Luego llega la otra, la prima con la que se iba a casar y se queda con ellos, triángulo tensísimo de la trama. Pierre, y esto es lo más, no deja de pensar en si su hermana será su hermana de verdad, pues que se la quiere follar ya mismo, de modo que da vueltas a la historia que le contó tratando de que sea falsa, la historia, y falsa, la fraternidad. Nunca llega a saberse si es o no su hermana de puras veras. Luego llegan los hermanos de la prima, para rescatarla del trío, que está muy mal visto en el XIX. No lo consiguen, y hay hostias. Y finalmente Pierre mata a uno de los dos hermanos de la prima, va a prisión, se envenena y muere, la hermana falsa real o quién coño sabe muere de pena y la otra mujer se envenena a su vez -a lo mejor es al contrario, pero da igual, el caso es que palman todos coordinados-.

Y eso es el fracaso.

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7 respuestas a Pierre o las ambigüedades, de Herman Melville

  1. F dijo:

    Leí hace tiempo esta novela y me pareció rara de cojones.

    Sí, ese es mi profundo análisis.

    Por si te interesa, hay una adaptación al cine de Leos Carax, POLA X, con el hijo yonki y luego tullido de Depardieu. Al parecer es de siempre el libro favorito del bueno de Leos.

    Saludos.

  2. Juan dijo:

    No siendo fan de Leos Carax, me interesa mucho esa adaptación, así que haré por verla. Muchas gracias.

    • Anónimo dijo:

      La peli de Carax no está mal, aunque me gustan más las tres primeras…

      Esta es la primera que le dejaron hacer tras la debacle de Los amantes del Pont Neuf (hay documental sobre el rodaje y la producción de ésta muy interesante).

      Por cierto, me había leído Plataforma hace un tiempo (me encantó) y la semana pasada me leí “El mapa y el territorio”, que también me gustó bastante… Pero ayer me leí “Ampliación del campo de batalla” y me pareció floja, floja. Los capítulos pasan y da la sensación de que el autor escribía la novela con la tele puesta, como si le diera pereza pararse un poco para “hacerlo bien”.

      ¿Me recomiendas las partículas o las posibilidades o paso?

      Saludos

      • Juan dijo:

        A mi juicio, Plataforma y El mapa y el territorio son sus mejores libros, así que no te pierdes nada por ignorar los otros. Ampliación del campo de batalla, ciertamente, es una chorrada de novela o novelita: no sé cómo vio alguien venir a un gran autor después de ese anémico debut. Por otro lado, Carax me parece un pomposo hortera; no puedo con él.

  3. Wellcome to the house of fun dijo:

    Joder.
    (El de la foto es Guy de Maupassant en plan moderno?)

  4. Clea dijo:

    Thanks por la sinopsis. Tienes razón, en este momento yo por lo menos, no tengo tiempo para este novelón, aunque me parece interesante. Muy mono el señorito de la foto. Kisssss

  5. Yosoy aquel dijo:

    Me encantó eso del convoluto, que me remonta a los tiempos heroicos del felipismo, cuando se robaba con elegancia y desparpajo, con el embajador de Alemania, Guido Bruner, pagando comisiones en negro en la embajada alemana, donde era visitado por los politicos a pecho descubierto, sin esconderse…Qué tiempos, joder

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