El padre, de Sharon Olds

¿Y quién manda en la poesía?, ¿quién sentencia?, ¿quién dice?, ¿quién cree que sabe y dice y sentencia que sabe?; ¿por qué?; ¿por qué la poesía se parece cada vez más -ni eso: ya llegó su término- a las artes plásticas, donde un yo entiendo/vosotros no agota las discusiones? La literatura la entiende todo el mundo: está comunicada.

La intro viene a cuento de que no doy crédito a la infecta traducción de este libro al castellano. Tiene uno que suponer que el editor y la traductora le dan sopas con honda a bastantes -a mí- en esto de la poesía, pues no sabía uno ni quién era Shahon Olds ni si en verdad es tan vieja. Pero inglés, un poco, sabemos todos. Y sentido común también sabemos, pues la sabiduría del sentido común es conjugable cuando clama al cielo.

El primer poema ya echa por tierra el placer del libro, de su azul añil o como sea, de su peso en las manos, tacto tan grato.

Me molesto en copiar la traducción y, luego, la versión inglesa:

La espera

Podía levantarme a cualquier hora,
a cualquier hora mirar por el pasillo,
siempre ahí, sentado, estaba mi padre,
su cabeza oscura hundida
entre las orejas del sillón.
Tan inmóvil que parecía un objeto,
la bata abierta en las rodillas,
como si en el mundo no hubiera nada más
sino mirar la piscina amanecer. Él sabía
que su muerte había empezado, y la esperaba
como se espera un trabajo por hacer.
No se inmutaba cuando sentía mis pasos: tan suyo,
permanecer inmóvil dejándose mirar,
como una escultura queriendo sentir
la mirada que la acaricia. Esperaba
que el borde de mi camisón entrara en escena
y sólo entonces se dignaba mirarme,
sin mover la cabeza, esperando el beso
que iba hacia él, y no al revés,
el beso que borraba su soledad
mientras intentaba tragar una minúscula
gota de agua: ahí tenía a su hija
con la taza para escupir, su hija
para vaciarla. Pasaba el día entero
mirándolo dormir, mirándolo despertar.
Recién al caer la noche volvía a la cama,
con su mujer. No volvería a estar solo
hasta la madrugada siguiente:
centinela del mundo nocturno,
guardián del agua, de la tierra informe,
de las sombras, sentado inmóvil,
como si lo único que esperaba
fuera a su hija.

En inglés:

The Waiting

No matter how early I would get up
and come out of the guest room, and look down the hall,
there between the wings of the wing-back chair
my father would be sitting, his head calm
and dark between the wings. He sat
unmoving, like something someone has made,
his robe fallen away from his knees,
he sat and stared at the swimming pool
in the dawn. By then, he know he wa dying,
he seemed to approach it as a job to be done
which he knew how to do. He got up early
for the graveyard shift. When he heard me coming down the
hall, he would not turn—he had
a way of holding still to be looked at,
as if a piece of sculpture could sense
the gaze which was running over it—
he would wait with that burnished, looked-at look until
the hem of my nightgown came into view,
then slew his eyes up at me, without
moving his head, and wait, the kiss
came to him, he did not go to it.
Now he would have some company
as he tried to swallow an eighth of a teaspoon
of coffee, he would have his child to give him
the cup to spit into, his child to empty it—
I would be there all day, watch him nap,
be there when he woke, sit with him
until the day ended, and he could get back into
bed with his wife. Not until the next
dawn would he be alone again, night-
watchman of matter, sitting, facing
the water-the earth without form, and void,
darkness upon the face of it as if
waiting for his daughter.

Bastan estos cuatro colores para subírnoslos.

No hay que saber mucho de nada -ni siquiera de filosofía del lenguaje- para entender que una frase larga, en cualquier idioma, conlleva lírismo o pronfundidad o complejidad o lo que quieran; que las frases cortas son más hirientes y fáciles de leer y pueden transmitir sencillez expresiva y un hablar directo; que no es lo mismo decir “los tomates” que “un montón de tomates” que “muchos tomates”; ni, en fin, vale igual “Mi padre me quiere” que “Él me quiere” o “Mi progenitor me quiere”. Son cosas básicas del uso de las palabras -incluso inconscientemente-.

Pues todo esto ignora desde su supuesta aptitud para el traslado de poesías de unos mares a otros, de San Francisco a Madrid, la traductora.

Qué oído no nota la distancia infinita, miserable, entre No matter how early I would get up
and come out of the guest room, and look down the hall y su bastardía: Podía levantarme a cualquier hora, a cualquier hora mirar por el pasillo; ¿cómo puede traducirse “no importaba lo temprano que me levantara” (o similar) como “podía levantarme a cualquier hora”; y cómo explicar la desaparición de “salí de la habitación de invitados” que ya sólo narrativamente resulta crucial para posicionar a un personaje respecto a otro (la hija que duerme como una extraña en casa de su padre)?; ¿y qué motivo racional hay para repetir  “a cualquier hora”?

Y qué decir del color verde: de un señor que ve amanecer sobre la piscina a uno que ve “la piscina amanecer”. ¿Es surrealista El padre, de Olds? No tiene ni una gota de surrealismo; todo se entiende, no hay nada onírico ni sofisticado: es testimonio, poesía del duelo. ¿Qué pinta una piscina amaneciendo por sí sola?

The kiss came to him, he did not go to it: ¿hay alguien en todo el mundo que no aprecie la pérdida de negatividad y de caracterización del personaje del padre cuando esto se traduce como: el beso que iba hacia él, y no al revés?

Y lo más grande: el beso que borraba su soledad. Así nos traducen: Now he would have some company. En el original no aparece ni “beso” ni “borrar” ni “soledad”; “ahora tendría algo de compañía” es la traducción literal; ¿que rima?, pues se busca otra manera, pero no inventado una cursilada de verso que da ganas de vomitar.

Concedo cuartelillo y sigo leyendo, ya casi solo los versos en inglés, pero no puedo dejar de localizar carnicerías: He knows he will live in me / after he is dead, I will carry him like a mother./ I do not know if I will ever deliver –> Él sabe/ que cuando muera vivirá en mí,/ que lo llevaré conmigo como su madre / sin saber si algún día alumbraré. ¡No puedes convertir dos frases en una sola! No puedes eludir la pausa dramática del punto, joder.

Luego está la manía -casi diría uno que el capricho- de cambiar el orden de las frases así porque me da la gana, y donde dice “El salón era oscuro” decir “Oscuro estaba el salón” o “Desde hace tiempo duermo” ponerlo como “Duermo desde hace tiempo” -ejemplos inventados-. Y aquí uno de verdad: and our eyes are closed -we are resting on each other, / almost asleep –> descansamos con los ojos cerrados, / casi dormidos, uno en el otro. Sharon dice: “y nuestros ojos están cerrados, descansamos el uno en el otro, casi dormidos”. Esto es, hay una progresión hacia la ausencia: primero cierran los ojos, luego descansan, luego -casi- duermen. La traductora prefiere juntar “descansar” y “ojos cerrados”, que pa qué va uno a progresar nada, y dejar para el final “uno sobre el otro” (absurdamente traducido “uno en el otro”), simplemente porque le parecerá más romántico. Por favor.

Por favor, no traduzcan poesías.

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