# genuino

Sabemos muy poco sobre el valor de la obra de nuestros contemporáneos, casi tan poco como sobre el valor de nuestra propia obra. Es posible que tenga méritos que sólo existan para la sensibilidad contemporánea, y es posible que tenga virtudes ocultas que sólo se pondrán de manifiesto con el paso del tiempo. No podemos afirmar con precisión qué lugar ocupará una obra cuando todos nosotros seamos escritores muertos. Así pues, si uno debe hablar de sus contemporáneos, es importante establecer qué cosas podemos afirmar con convicción y cuáles deben quedar abiertas a la duda y la conjetura. Lo último que probablemente podamos juzgar en ellos es, ciertamente, su “grandeza”, o su relativa distinción o triviliadad en relación al concepto de “grandeza”. De hecho, este concepto incluye también relaciones morales y sociales, relaciones que sólo pueden percibirse desde una perspectiva más lejana y que, incluso me atrevería a decir, se crean en el proceso de la historia, pues no podemos predecir la suerte que correrá una determinada poesía ni cómo actuará en las generaciones venideras. No obstante, tenemos base para creer que sólo un reducidísimo número de lectores contemporáneos es capaz de reconocer lo que es realmente genuino en poesía. Y afirmo sin reservas que el número es muy reducido porque parece habitual que, cuando un poeta alcanza en vida reconocimiento por parte del público, una proporción creciente de sus admiradores lo admira por razones superfluas. No digo que sean malas razones, sino que el poeta alcanza notoriedad como un mero símbolo por el estímulo o consuelo que es capaz de ofrecer a sus lectores, una función de la peculiar relación temporal que le une a ellos. Este efecto sobre los lectores contemporáneos puede ser a veces el resultado, justo y legítimo, de una gran poesía, pero también lo ha sido de mucha poesía efímera.

TS. Eliot, 1935.

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6 respuestas a # genuino

  1. Rodrigo dijo:

    Pues creo que sí, pero cómo se explica eso sin hacer el ridículo? Me refiero a explicarlo honestamente, en verdad, no a explicar sino más bien a hacer pública esa, sensación? idea? qué? No es que ese conocimiento “minúsculo” de “unos reducidos” deba tener alguna utilidad especial (ese “de qué sirve entonces todo esto si se es incapaz de incorporarlo a un planteamiento más general?”), hablo del milagro de la comunicación -que una vez dijiste acerca de Hemingway. En fin, matar burgueses está muy bien, pero si es por matar, ya puestos, podríamos matar directamente a los millonarios y también a los pobres.
    Un amigo de un amigo decía que esto de la literatura, de la poesía, era como contar un chiste; o sabes contar chistes o no, y, tal vez sobretodo, o los coges o no. Pero claro, el conflicto se nos queda irresoluble, como el café de bote (es malísimo pero es que no me he podido resistir, ya lo siento).
    Besos.

  2. C. dijo:

    He leído ya tres veces ‘Incendiario’ y me sigue pareciendo excepcional: ¿qué hago?

  3. Es tan difícil juzgar a un autor contemporáneo como juzgar el tiempo histórico en que vives. En ambos casos se trata de obras inacabadas.

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