A pie, de Luigi Amara

Más México. Ahora, poesía -rimando con- Almadía, la casa editorial, el sello del troquel: sus libros parecen papiroflexia para intelectuales. Mírenlos en el internet.

A pie es un poemario de Luigi Amara que cuenta nomás que el paseo del autor por La Roma, barrio del DF donde a buen seguro no te van a tirotear instantáneamente. Bares, restaurantes, grupos de jóvenes que van a fiestas privadas abrazaditos como juncos; tartas en la mano. Eso es La Roma.

A pie, justamente, poetiza con los pies, de los pies, para los pies, y camina por las linealidades abiertas en tiempos del  flâneur/Baudelaire, con paradas precisas en Walter Benjamin, y llegando a los perfumeros franceses del pensamiento: Barthes et alia. “El paisaje es donde sucedes”. Es todo así de delicado, de etéreo, de transcendental.

“el coche / desmanteló el paisaje / para volverlo una fachada”.

De referencial: si Benjamin nos cuenta que el barón Haussmann era “el artista demoledor”, Amara nos habla de “burócratas ungidos / como nuevos Artistas / de la demolición”.

Y todo, no se lo pierdan, con dibujitos de pisadas y fotografías callejeras, insertadas al trantrán del poemario, que se desliza, sin atender a métricas ni a rimas, como una prosa lírica-filosófica caprichosamente acomodada en versos, “la revolución ambulatoria”.

Aquí -en este país-, el texto nos puede recordar a otros de Agustín Fernández-Mallo: pero quizá más plástico, menos castizo, ni mejor ni peor, quizá sólo definitivo.

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Una respuesta a A pie, de Luigi Amara

  1. Mike dijo:

    Joder, qué portadas más guapas. A mí el rollo Google Maps que se llevaba Fernández-Mallo en el remake de El hacedor de Borges me gustó bastante.

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