Vintage, de Marta Sanz

No acabó uno de pillarle el punto al anterior -y reversible- libro de poemas de Marta Sanz, Hardcore/Perra mentirosa, quizá porque era tentativo, o porque era como anti-poético, o porque se mareaba uno dándole la vuelta al libro en busca de la primera página: repito que eran dos libros editados en uno, pero no seguidamente, sino bocabajo o machihembrados o, en fin, al modo de La cara interna del viento, de Milorad Pavic, por mentar uno de estos libros de dos espaldas.

El caso es que Vintage, recién salido, está muy bien -tanto como su cubierta, ilustrada por Bárbara Butragueño-. Tampoco hay aquí mucha metáfora -o ninguna-, ni mucha métrica ni composición hacendosa del poema; pero hay una honestidad arrasadora. Desolante.

Yo es que la honestidad la valoro mucho, incluso si viene en verso.

Vintage va de envejecer, como ya sugiere el guardarropía. Es como un dietario de la edad adulta, muy adulta, la mediana edad, ese quicio desde el que la vejez se ve venir, y no mola. Cuando hablamos de pudrirnos, hablamos del cuerpo y de las cosas que con el cuerpo hemos dejado de consumar. A mí lo que más me gusta es que las mujeres escriban sobre su cuerpo: nunca me cansaré de decirlo.

“Por el miedo/ de no ser/ deseada nunca/ (…) por ese miedo/ a desaparecer/ del azogue/ de todos los espejos…”

“”Ciertos hombres de mi vida/ tienen un día de suerte/ que siempre coincide/ con mi gusto/ por hacerme daño”

Esto último es potente, no lo nieguen, amigos.

El libro incluye un par de prosas, poéticas porque vienen en un poemario, y también porque, como prosas, son de lo mejor que he leído a su autora. También hay política, pisos de protección oficial, que para eso nos levantamos cada día interviniendo en la sociedad.

Y hay, claro -poniéndonos serios- enfermedad; hablar del cuerpo es o hablar de plenitud o hablar de enfermedad (decrepitud), no hay término medio (bueno, sí, hay libros de cocina por ahí, no siempre en la sección de libros de cocina).

La disposición de los poemas es lilial -¿?-, o sea, delgadita, como las Odas elementales de Neruda, por poner un caso práctico a ojos vista; o como las cosas de Idea Vilariño, señora que gusta mucho por las izquierdas. A Vilariño (“No te veré morir”) es a quien recuerda este otro trozo (y fin):

No sé por qué gasto / mi tiempo contigo.// Tú/ no me vas a cuidar / cuando me muera.

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6 respuestas a Vintage, de Marta Sanz

  1. Anónimo dijo:

    De poesía, Juanito lindo, no tienes ni la más repajolera idea, ni gusto, ni criterio, ni na
    .

  2. Interesante comentario. Dan ganas de leer Vintage, aunque me retrae un poco eso que dices de la politica en el texto. Yo soy gato viejo, gato que ha corrido partidos y sindicatos y he visto cosas y lo que he visto me ha hecho dos tontos, como diria Alberti.
    No sé qué edad tiene usted, malherido, pero yo soy de una generación, de un barrio generacional más bien, que condenaba a muerte la poesia. Leer poesia (y no digamos escribirla) era cosa un poco de maricones, dicho sea con perdón. No soy maricón, por suerte para las mujeres, supongo, pero leo poesia y cada vez más.

  3. Posiblemente uno/a de los/as peores autores/as que he leído en mi vida (en novela). Dudo mucho que tenga capacidades poéticas.

  4. Antonio dijo:

    Estas frases, posiblemente agudas, no son poesía: son oraciones cortadas. En cambio, muchas palabras juntas de Blas de Otero, sí.

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