Ghostman, de Roger Hobbs

Me ha llamado la atención, la maldad, la atención que en la solapa de este libro publicado en la serie negra que dirige Fresán para RHM –Roja y negra no figure la fecha de nacimiento del autor, cuando, por la foto, por ser primera novela, tan viejo no debe de ser: pues resulta que Roger Hobbs tiene 25 años (born in Boston June 10, 1988), una vergüenza, un insulto, traducido ya a 14 idiomas y con película viniéndosele encima.

Normal. Ghostman es como  Breaking Bad -metanfetamina- y como Ocean’s Eleven -robar casinos- y como tantas otras películas y/o series comerciales buenas. Es todo tan entretenido.

La cosa, el libro, es pura artesanía del espectáculo: capítulos breves, acción constante, diálogos malotes, una frase al final de cada cap. que te deja en puras ascuas; cine por escrito, o sea, literatura menor mayormente.

Lo de Roger, su éxito, yo me lo explico porque el libro, con ser entretenido, es como que aprendes cosas del mundo; del mundo del crimen -en realidad, no sabe uno si todo esto (burladero, ghostman, timonel, mochila de fuga: términos lumpen del libro) se lo ha inventado el Hobbs o es de veras cómo funciona el delito en Atlantic City-, y eso, como lector, da cierto placer. Así -por terminar- este Roger Hobbs practica lo que podríamos denominar el subgénero “novela negra técnica” dentro de la literatura noir de nuestro tiempo, tan trilladísima; como pruebas, estos cachos del texto:

Dentro había un revólver barato, un Colt calibre 38. Era un modelo antiguo, negro mate, con la espuela del martillo limada. Lo llaman “funda de almohada”. La espuela se lima para que el martillo no se enganche en la tela de la almohada y te vuele los sesos. La culata estaba forrada con dos vueltas de cinta americana.

En sentido literal, no hay tal cosa como un silenciador. Un arma hace ruido siempre, porque la bala, empujada por los gases en expansión, rompe la barrera del sonido al salir del cañón. Un silenciador enfría y absorbe parte de los gases y mitiga el estruendo del disparo. Pero ni siquiera un silenciador de calidad suena como el escupitajo de las películas, sino más bien como el restallido de un látigo o el golpe de un listín telefónico que cae al suelo. La finalidad de un silenciador no es liquidar a alguien sin hacer ruido. La finalidad de un silenciador es evitar que el tirador se quede sordo.

Esta entrada fue publicada en Bestseller, Género menor, Narrativa 2013. Guarda el enlace permanente.

7 respuestas a Ghostman, de Roger Hobbs

  1. locosolo dijo:

    párrafo soberanamente aburrido… se cobra por decir que algo asì está bueno?

  2. Mike dijo:

    Joder, pues a mí esos párrafos me dan una pereza que te cagas (“La pistola manual de instrucciones” podría haber sido su perequiano título).

  3. Anónimo dijo:

    I do like it

  4. Urraca dijo:

    Lo que aprende una…

Los comentarios están cerrados.